31.1.12

JOVENES PARA LA PAZ

“Para ser verdaderamente constructores de la paz, debemos ser educados en la compasión, la solidaridad, la colaboración, la fraternidad; hemos de ser activos dentro de las comunidades y atentos a despertar las consciencias sobre las cuestiones nacionales e internacionales, así como sobre la importancia de buscar modos adecuados de redistribución de la riqueza, de promoción del crecimiento, de la cooperación al desarrollo y de la resolución de los conflictos. Invito de modo particular a los jóvenes, que mantienen siempre viva la tensión hacia los ideales, a tener la paciencia y constancia de buscar la justicia y la paz, de cultivar el gusto por lo que es justo y verdadero, aun cuando esto pueda comportar sacrificio e ir contracorriente”



JOVENES PARA LA PAZ

+ Felipe Arizmendi Esquivel
Obispo de San Cristóbal de Las Casas
diocesisdesancristobal.com.mx


HECHOS
Muchos asesinos y secuestradores son jóvenes. Sin oportunidad de estudiar ni de trabajar, son enrolados por el crimen organizado, que los obliga a vender droga, a extorsionar, a matar. Jóvenes campesinos son levantados para llevarles a cultivar y cuidar sembradíos de marihuana y otros estupefacientes, de los que no son propietarios. Otros, buscadores de nuevas sensaciones, se organizan en pandillas o pequeños grupos para beber, divertirse, vagabundear y vivir a expensas de sus padres o de lo que roban. Unos se glorían de pintar grafitis, en que simbolizan sus dominios, sus sentimientos, sus rechazos sociales, sin respetar casas ajenas ni monumentos históricos.

Otros emigran y dejan sus comunidades, por necesidad económica o por invitación de otros que ya vivieron esa experiencia. Pierden su cultura, la riqueza de su idioma, sus costumbres, su vivencia familiar y comunitaria; se hacen individualistas, interesados más que todo en el dinero; se prostituyen, se contagian de actitudes y de criterios destructivos, también de sida, que a su vez transmiten a su alrededor. Cuando regresan, se sienten extraños; critican a sus mayores y a sus paisanos; contaminan a otros jóvenes con costumbres inmorales; se drogan para sentirse fuertes; se hacen aparecer grandes y triunfadores sólo porque usan celular moderno, aretes, ropa y peinados extravagantes, playeras con letreros en inglés, música estridente. Muchos cambian de religión, o se alejan totalmente de Dios.

CRITERIOS
En su mensaje de este año para la Jornada Mundial de la paz, el Papa Benedicto nos invita a educar a los jóvenes para sean constructores de justicia y de paz, con la ayuda de la familia, de las instituciones educativas, de los responsables políticos, de los medios de comunicación y de la Iglesia. Nos invita a “prestar atención al mundo juvenil, saber escucharlo y valorarlo. Se ha de transmitir a los jóvenes el aprecio por el valor positivo de la vida, suscitando en ellos el deseo de gastarla al servicio del bien. Éste es un deber en el que todos estamos comprometidos en primera persona. La Iglesia mira a los jóvenes con esperanza, confía en ellos y les anima a buscar la verdad, a defender el bien común, a tener una perspectiva abierta sobre el mundo y ojos capaces de ver cosas nuevas”. Les dice: “Nunca estáis solos. La Iglesia confía en vosotros, os sigue, os anima y desea ofreceros lo que tiene de más valor: la posibilidad de levantar los ojos hacia Dios, de encontrar a Jesucristo, Aquel que es la justicia y la paz”.

¿Qué hacer en concreto? Dice el Papa: “Para ser verdaderamente constructores de la paz, debemos ser educados en la compasión, la solidaridad, la colaboración, la fraternidad; hemos de ser activos dentro de las comunidades y atentos a despertar las consciencias sobre las cuestiones nacionales e internacionales, así como sobre la importancia de buscar modos adecuados de redistribución de la riqueza, de promoción del crecimiento, de la cooperación al desarrollo y de la resolución de los conflictos. Invito de modo particular a los jóvenes, que mantienen siempre viva la tensión hacia los ideales, a tener la paciencia y constancia de buscar la justicia y la paz, de cultivar el gusto por lo que es justo y verdadero, aun cuando esto pueda comportar sacrificio e ir contracorriente”.

PROPUESTAS
Los jóvenes necesitan ser escuchados. Dediquémosles parte de nuestro tiempo.

Los jóvenes son inquietos. Atendámoslos con paciencia y serenidad; no queramos que sean ya adultos; madurar es un proceso lento, que no se puede violentar.

Los jóvenes son dinámicos y generosos. Organicemos con ellos no sólo dinámicas para entretenerlos, sino actividades que les hagan experimentar lo hermoso que es servir a Dios y a la comunidad. Por ejemplo, proponerles un acercamiento creativo a la Palabra de Dios y a la oración, visitas a enfermos, minusválidos y enfermos, campañas para limpiar calles y carreteras, sembrar árboles y proteger manantiales, talleres de sanación sicológica en su relación familiar, etc. Así, se irán educando para ser portadores de amor, justicia y paz.

31.12.11

¿Quién es el hombre?



EDUCAR EN LA VERDAD
PAPA BENEDICTO XVI

Para educar en la verdad es necesario saber sobre todo quién es la persona humana, conocer su naturaleza.

«Cuando contemplo el cielo, obra de tus dedos, la luna y las estrellas que has creado. ¿Qué es el hombre para que te acuerdes de él, el ser humano, para que de él te cuides?» (Sal 8,4-5).

¿Quién es el hombre?
El hombre es un ser que alberga en su corazón una sed de infinito, una sed de verdad –no parcial, sino capaz de explicar el sentido de la vida– porque ha sido creado a imagen y semejanza de Dios. Así pues, reconocer con gratitud la vida como un don inestimable lleva a descubrir la propia dignidad profunda y la inviolabilidad de toda persona. Por eso, la primera educación consiste en aprender a reconocer en el hombre la imagen del Creador y, por consiguiente, a tener un profundo respeto por cada ser humano y ayudar a los otros a llevar una vida conforme a esta altísima dignidad. Nunca podemos olvidar que «el auténtico desarrollo del hombre concierne de manera unitaria a la totalidad de la persona en todas sus dimensiones», incluida la trascen-dente, y que no se puede sacrificar a la persona para obtener un bien particular, ya sea económico o social, individual o colectivo.

DEL MENSAJE DE SU SANTIDAD BENEDICTO XVI
PARA LA CELEBRACIÓN DE LA XLV JORNADA MUNDIAL DE LA PAZ
1 DE ENERO DE 2012